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martes, 24 de julio de 2018

Low Fantasy Gaming - Sesión 10 (11/06/2018)

Vuelta a... ¿casa?

Convencidos de que Rundy tenía lo que se necesitaba para volver con su gente el grupo emprende el retorno por los mismos túneles que los habían llevado a las profundidades hasta volver a ver luz natural.
Al llega de nuevo a poder volver el cielo Smirk explota al tener vía libre e intenta huir a toda velocidad pero su tobillo doblado le impide ser más veloz que Rundy quien lo corre y con un tosco lenguaje de señas lo convence de quedarse un poco más con la promesa de hacerle él un tatuaje al joven salvaje, pacto que cumple ese mismo día. 
En su camino a Mirilia dejan que Smirk regrese solo a su tribu mientras ven a la distancia cómo es recibido con festejos en su tribu al ver el tatuaje que muestra las proezas que supuestamente había cumplido. 

El camino a Mirilia es largo pero a medida que pasan los días la civilización se hace más presente. Hasta que en las cercanías de la ciudad se cruzan con una primer patrulla de guardias de los caminos con las que Rundy discute al tomar un comentario como ofensivo, Rancis se pone del lado de los guardias en esta circunstancia considerando que el enojo del enano había sido exagerado. Calmada la situación continúa cada grupo por su lado. Este hecho haría que Rundy tenga una charla con Late sobre las actitudes de Rancis.
Muy lejos de las preocupaciones de Rundy el mago tiene sus propios asuntos que tratar con Rancis y lo encara en privado. Le preocupa que la moral del explorador haga que por desconocimiento de su arte lo delate en la ciudad pero Rancis se muestra sereno y le asegura que su secreto está a salvo con él.

Las murallas de Mirilia desde el interior
La alta muralla exterior los recibe y la puerta principal los hace entrar al corredor de entrada a la ciudad que se ve flanqueado por los barrios más pudientes de la ciudad a los que, obvio, no tienen acceso desde el corredor de entrada.
Dentro de la ciudad los intereses personales de cada uno comienzan a pesar y se separan momentáneamente. Por su lado Late busca rápidamente un tasador para inspeccionar la daga ornamentada de los enanos.

El tasador parece profesional y le asegura que, si puede probar que la daga es verdaderamente de manufactura enana, podría valer entre mil quinientas y diez mil piezas de oro si encuentran al coleccionista correcto.
Rancis no tarda en encontrar la delegación de los Batidores Rojos, un lugar bastante austero, fiel a la vida que llevan en las afueras de las ciudades. Allí conoce a Antony, un ex explorador que se dedica a tareas administrativas y diplomáticas en Mirilia. Tras dejar un reporte y varios mapas Rancis pide ayuda a Antony sobre el frasco de agua extraña que trae desde el zigurat y sobre la figura tallada que traía de las ruinas enanas. El delegado ofrece examinar el agua con un alquimista y buscar un comprador para la figura.
El enano se dirige directo al centro de la ciudad, dónde un extraño pozo minero de dos kilómetros de diámetro se abre paso bajo el suelo. Por desgracia para él sólo los miembros de las casas mineras pueden explotar los recursos que allí se encuentran. En el camino se cruza con la cruda realidad de los empleados de estas casas: pobreza y enfermedad.

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