Filacteria de Alyxian
A partir de aquí fechas inciertas
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| Hezrou y Barlgura emergiendo |
Dos enormes demonios emergen de los laberínticos túneles. Un Hezrou y un Barlgura, demonios ambos caracterizados por robustez y tendencia a la destrucción descontrolada. Paighon es el primer en tomar acciones y lanza un conjuro potenciado por su arte mágico innato. Para sorpresa del resto es un conjuro perturbador que Ezra también domina, Hambre de Hadar. Ambos demonios quedan presos en una bola de oscuridad cacofónica y oleosa. Sin ver a sus enemigos She-ra y Ezra comienza a disparar a ciegas a los monstruos dentro de la esfera. Dino desenfunda su espada y se planta al borde del lago de icor demoníaco esperando que emerja cualquier amenaza. Paighon, con control sobre el conjuro siente que un enemigo es alcanzado por los tentáculos de Hadar, pero el otro no, se encuentra al acecho. Es así que decide sumarse con proyectiles mágicos contra la criatura aún encerrada en la oscuridad. Justo en ese momento el enorme barlgura aparece de un salto junto a Dino trabándose en combate con él.
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| Dino enfrenta al Barlgura |
La criatura surge del lago mutada. Cuatro son los potentes brazos que amenazan a Dino ahora. Sumado al lemure que vieron antes con ojos en los brazos entienden que el líquido los puede mutar. La pericia en combate cerrado del paladín hace que apenas sea alcanzado por un puñetazo del monstruo. Sócrates ve su posibilidad de intervenir, entra en comunión con los elmentos y una corriente de aire lo empuja a voluntad sobre los demás, toma al monstro por la cintura, sube hasta lo alto de la cueva y lo lanza contra el piso. Con un objetivo claro a la vista Paighon y She-ra apuntan sus conjuros y flechas al él. Paighon lanzando magia de ácido y She-ra colocándose su máscara de porcelana de la Reina de los Cuervos. Mientras siguen combatiendo con el Barlgura el Hezrou cae al piletón de icor mientras trata a ciegas de moverse dentro del conjuro de Paighon, que a su vez utiliza un conjuro para disparar con toda potencia una moneda contra el corazón latiendo en el extremo opuesto de la caverna. She-ra y Ezra lanzan una lluvia de proyectiles al órgano demoníaco al tiempo que del agua sale el Hezrou junto a Dino. La piel del monstruo parece desquebrajada, la mutación lo había vulnerabilizado, cosa que el paladín aprovecha y lo aniquila rápidamente. Al mismo tiempo más monstruos llegan, esta vez más madurados, a enfrentarse al grupo.
El hezrou recién llegado golpea a Dino haciendo que su conjuro de bendición en sus aliados se desvanezca. Sócrates se intoxica con el hedor a azufre de los recién llegados, las nauseas lo estorban por unos instantes, pero su autocontrol va más allá de la mente, domina lo físico y se repone inmediatamente.
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| Paighon invoca la Mano de Bigby |
Paighon pasa a mantener su energía en un nuevo conjuro dejando atrás las emanaciones de Hadar. Esta vez invoca una mano violácea voladora gigante con la que golpea al Hezrou. She-ra retoma el ataque al enorme corazón. El barlgura recién llegado invoca un conjuro de fantasma asesino, pero Paighon usa poderes faéricos para contrarrestarlo y redirigirlo al otro demonio. El combate sigue hasta que el corazón es finalmente destruido por Sócrates que vuela hacia él y lo liquida a patadas. Entre los chorros de icor que brotan de él logra vislumbrar el rostro de Alyxian pidiendo auxilio. Tras el flujo, entre el suelo, divisa un objeto dorado, un collar de Avandra, la Changebringer.
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| Collar de Alyxian, símbolo de Avandra |
Con el corazón destruido los demonios comienzan a gritar y descontrolarse. Entendiendo que tienen lo que necesitan se repliegan al exterior notando que la estructura comianza a templar y ser engullida por el lago. Ezra y Paighon lanzan conjuros para volar y entre todos cargan a Dino y She-ra para ponerse a salvo en el borde del cráter. Una vez a salvo Sócrates explica que siente el odio, pecado por el cual atraparon a Alyxian. Aún volando aterrizan en el borde del lodazal. Están del lado opuesto al que deben ir, así que deciden qué hacer. Atravesar el lodazal a pie es exponerse a la corrupción del icor. Eligen entra circular por el este u el oeste, si es que se pueden orientar allí.
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| Lodazal de guerra |
Antes de comenzar ninguna travesía, deciden que lo mejor es tomar alguna de las torres de vigilancia abandonadas y recuperar el aliento allí unos minutos.
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| Torre abandonada |
La calma no les duraría, pues de pisos superiores oyen gritos. No se sienten cómodos como para descansar e investigan. Llegan a una gran sala donde otrora regentaría un antiguo líder militar de los infiernos. Ahora se encontraba un Señor diablesco junto a esbirro, un diablo de cadenas que torturaba plácidamente a unos sujetos encadenados a las paredes, despojados de ropa y dignidad, cubiertos en heridas y sólo con bolsas negras en sus cabezas.
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| Asmodeus intenta negociar |
Antes de que terminen las presentaciones el torturador, con un rápido giro de muñeca, comanda sus cadenas y uno de los torturados es cortado a la mitad en seco a la altura de su vientre. Los gritos del sujeto no paran hasta que el diablo coloca una bola de acero en su boca para acallarlo.
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| Asmodeus irritado |
El sujeto del trono explica que él tiene las almas que buscan, pero quiere sus almas a cambio. Paighon pregunta quién es y la respuesta deja claro que se trata de Asmodeus. Irritado ya el señor de los Nueve Infiernos se cubre rápidamente con su túnica en un gesto circular y desaparece dando via libre al diablo de cadenas a atacarlos.
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| Chain Devil |
Sócrates es el primero en avanzar y, en su camino, nota la dificultad de moverse libremente entre las cadenas que cuelgan del techo, como si tuviesen vida propia y lo quisieran entorpecer a propósito. Con agilidad llega hasta su enemigo atontándolo de un golpe certero, lo que facilita que Ezra acierte sus ráfagas arcanas. Parecía un combate sencillo, pero de a poco las cadenas envuelven a los torturados, apretando su carne hasta que sus gritos de dolor se convierten en risas y emergen como nuevos diablos de cadenas.
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| Paighon les juega con la misma moneda |
Cada vez que parecen tener el control sobre el combate un par de diablos nuevos surge y de a poco la balanza no está tan clara a su favor, hasta que finalmente She-ra cae en la tentación de disparar y matar a los torturados evitando el surgimiento de nuevos enemigos. Al finalizar el combate recuperan pertenencias que tuviesen en su vida mortal los desgraciados encadenados.
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